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martes, 1 de noviembre de 2011

El Deber




El Deber

Y los deberes reclaman nuestro destino
Los hicimos esperar soportando su desencanto
Reclamando la sangre, la transpiración que zozobraban
En la incertidumbre de la próxima primavera.
Nos vamos al albur
Espiral atrayente que abate el enorme estandarte
Del que se sujeta lo amado.

Ante las palabras que angustian el hastío
Nos dirigimos mudos hacia donde los párpados ya no anhelen pereza
Y sea de necesidad plena estar siempre de pie sin caer de rodillas por un susurro.
Con los pertrechos, sellando el andar vamos por primera vez, como muchas luego
Lejos, donde ya no nos alcancen los recuerdos que nos rodean en este campo de regocijo.

Lo amado y deseado se aparta sin voluntad de aquello que se aleja, pues
No se van con nosotros,
 Y  en donde se llegará el afecto pesa y el deseo desconcierta
Ojalá no olviden que regresaremos así no sea seguro
No asesinen el recuerdo de nuestra vuelta
No nos santifiquen en nuestra ausencia
Sólo iremos a amanecer bajo otro sol que no verán.


Bombardero




Bombardero


El bombardero desciende plomizo
Y pobre el alba de cenizas derrumbadas
Más allá en estado de evaporación.

Escalofríos esa inmortalidad que desaparece
Condenada afligida por la estructura
Deformada de explosión trágica.

Y si ese mal tan descascarado es el instrumento
De cuerda apretando la armonía
Solo por el ardor de la nota estruendosa.

Por qué no tocar fuerte la trompeta de guerra
Para acelerar todos sin necesidad de palabras con grito.

Sobre tal espectro planean los cernícalos deseosos
De no bajar a esa triste condena del cansancio
Y si aterrizan barriendo las miserias del desaire
Es por la pereza de quien se cansa de estar en la cima
Por tiempo prolongado.

Bombarderos que anhelan alunizar antes sobre tierra objetivo
Aguardando a que sus propios misiles
Descabecen las cabinas envueltas en oscura verdad.