En la mesa del café el planeta entero gira
Y la noche nos imprime en su tenue oscuridad.
Nos presagian la cercanía cada vez,
Susurrando las conexiones apartadas bajo la hosca muchedumbre
Aislados dentro de la esfera de palabras sincrónicas donde
La sinapsis argumentativa bautiza nuevos satélites.
Ahí, ciego de tu rostro, mirando el frenesí
De la corriente sanguínea, torrente
Olvido la vastedad ajena a tu presencia
Moviéndose el punto gravitatorio de una vida pasada
A ese instante gigante, centrípeto
Y colocar en neutro las intenciones de narciso
Para quebrar con mi máscara nueva y artesana
Los memoriosos espejos reflectores,
Identificando la vida y la muerte en la lozana senda trazada,
La que otorgas con cada maretazo de tus formas.
En ellas hallo la existencia: la adolescencia, la juventud
La niebla del escalofrío, el amarillo de la mañana y el estremecimiento
De una imaginada anticipada desnudez.
La inocencia del primer universo,
Creado por una Diosa en una tarde casual
En donde deseo agónico abandonarme.