Y el silencio despreciado por el gentío
Perece en la quietud de la desesperación ajena.
Y derrama su nada sobre tus palabras inconclusas
Donde mendigas una ranura de mi reserva.
Y culpable en la corteza de argumentos
Queda expuesto el embrión de una razón futura
En tu hambre de voraz ave.
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