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miércoles, 20 de mayo de 2009

Y si lo ignoras ahora...

Y si lo ignoras ahora,
En la sala sombreada quedará nadie de sorpresa
Porque esperan paseando con flexibles abecedarios
A que te decidas descendente sobre una palabra.

Es la última noche que aguardo trémulo, sin luz
Desesperado por bacante albedrío mientras llueve
Lo que no dices.

Y aquellos sueños, ataviados de cruces,
Sentencian la ignorancia de tu decisión,
Muertos después de los funerales callados al huésped
Que ya no les visita.

No son madrugadas de amarguras
La distancia del silente diálogo que pare la angustia
Ni las bocanadas altaneras de cerradas miradas, dirigidas
Hacia sombras ilusas limítrofes de lo perdido.

Y no preguntas
Y no miras dentro de este cofre alucinado prometido antes de su apertura,
Porque sólo quieres ver lo que huye dentro de él…

ya comprendo, no lo ignoras y no nos dejas saber lo que ves…

¿O lo dijiste alguna vez?,
¿Era el discurso ensoñado que por las mañanas no recuerdo?


sábado, 2 de mayo de 2009

Hambre Tecnológica

Revisando los catálogos impresos o en línea sobre las novedades tecnológicas que salen al mercado, no dejo de impresionarme por la cantidad de cosas que pueden hacer estos aparatos, y lo más impresionante aún, son que estas utilidades no me las había imaginado con anterioridad pero desde ahora no son más que una necesidad. Equipos de audio con Gigabytes de capacidad para escuchar música por cientos de años, cámaras fotográficas con megapíxeles capaces de agrandar una imagen al tamaño del Estadio Nacional, Disco Duros con MB donde podemos almacenar cientos de programas que nunca utilizaremos, y la lista puede aumentar si nos dedicáramos a describir los miles de instrumentos creados por el amo y señor de todo esto, que es el microchip.

Pero lo que más me llama la atención es la capacidad de asombro que me producen estos objetos, el desarrollo del diseño industrial han hecho de estos productos joyas tecnológicas que todos ambicionan. Máquinas futuristas que ellas mismas no se satisfacen, existiendo en un mundo paralelo donde no se bastan, sino pensemos en una tarjeta gráfica de video, un objeto del deseo que me atormentó en la adolescencia desde que me enteré que no todos los juegos de video podían ser jugados en mi ya vieja AT286 con monitor monocromático y tarjeta de video integrada Hércules. Con el tiempo creí que era “una” sola tarjeta la causante de mis frustraciones lúdicas, pero luego me enteré que hay diferentes modelos para las distintas necesidades, encontramos buenas para los videos en HD, animación gráfica 3D, fotografías o las más poderosas para los video juegos de última generación.

Lo extraño es que una nueva tecnología supera a la anterior sin esta otra haber explotado todas las capacidades que nos pueda otorgar. Cuántos miles de video juegos o programas se pueden haber creado con tarjetas gráficas que fueron obsoletas en menos de cinco años, porqué la misma tecnología no nos deja acostumbrarnos a ellas y hacérnosla suyas.

Se nos corren y nunca las alcanzamos, mi cámara de fotos digital que con tanta ilusión la compré, me doy cuenta que ahora un teléfono celular tiene la misma capacidad que ella. Ni siquiera llegué a tomar todas las fotografías que quisiera y ya existen aparatos con mejor suerte que los supera en resolución.

Me recuerda a las películas de colonizadores donde el explorador llega a un pueblo carente de tecnología y que por un encendedor o un lapicero, los nativos le intercambiaban a sus mujeres o sus más valiosas joyas. Y en cierta forma, esa es la manera como lo innovador nos cautiva de una forma enfermiza, haciéndonos descartar las tradiciones, los usos y las costumbres para ir a abrazar lo nuevo, cambiando nuestros paradigmas sin demasiada resistencia.

Uno piensa en que no es necesario ir detrás de ella todo el tiempo, pero este férreo sentimiento por los objetos de vanguardia nos hace desear su posesión, porque si los tenemos, nosotros mismos nos renovamos, sentimiento común que los medios de comunicación y la industria tecnológica nos han generado.

Hoy, al viajar en el ómnibus en cierta forma me sentí obsoleto al sacar de mi maleta mi discman, pues me sorprendió al ver los rostros de los adolescentes al ver mi artefacto, ya que pareció que estuvieran viendo en el museo un objeto pre-colombino. Es así que el poseer una nueva tecnología te hace creer que uno se encuentra vigente, como si uno también fuera un aparato más que necesita de una innovación para no sentirse en desuso.