Y si lo ignoras ahora,
En la sala sombreada quedará nadie de sorpresa
Porque esperan paseando con flexibles abecedarios
A que te decidas descendente sobre una palabra.
Es la última noche que aguardo trémulo, sin luz
Desesperado por bacante albedrío mientras llueve
Lo que no dices.
Y aquellos sueños, ataviados de cruces,
Sentencian la ignorancia de tu decisión,
Muertos después de los funerales callados al huésped
Que ya no les visita.
No son madrugadas de amarguras
En la sala sombreada quedará nadie de sorpresa
Porque esperan paseando con flexibles abecedarios
A que te decidas descendente sobre una palabra.
Es la última noche que aguardo trémulo, sin luz
Desesperado por bacante albedrío mientras llueve
Lo que no dices.
Y aquellos sueños, ataviados de cruces,
Sentencian la ignorancia de tu decisión,
Muertos después de los funerales callados al huésped
Que ya no les visita.
No son madrugadas de amarguras
La distancia del silente diálogo que pare la angustia
Ni las bocanadas altaneras de cerradas miradas, dirigidas
Hacia sombras ilusas limítrofes de lo perdido.
Y no preguntas
Y no miras dentro de este cofre alucinado prometido antes de su apertura,
Porque sólo quieres ver lo que huye dentro de él…
ya comprendo, no lo ignoras y no nos dejas saber lo que ves…
¿O lo dijiste alguna vez?,
¿Era el discurso ensoñado que por las mañanas no recuerdo?
Ni las bocanadas altaneras de cerradas miradas, dirigidas
Hacia sombras ilusas limítrofes de lo perdido.
Y no preguntas
Y no miras dentro de este cofre alucinado prometido antes de su apertura,
Porque sólo quieres ver lo que huye dentro de él…
ya comprendo, no lo ignoras y no nos dejas saber lo que ves…
¿O lo dijiste alguna vez?,
¿Era el discurso ensoñado que por las mañanas no recuerdo?