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domingo, 30 de septiembre de 2007

Buscando un Inca

Una época enajenada, ausente de gigantescas sombras, roba la vida y llena de desencuentro al alma de un pueblo. Sin aflicción por lo perdido, realizamos la demanda general, liberada en el abismo oscuro y perpetuo perfumado de tinieblas, disfrazado de república. El país de los mudos y observadores, sin espíritu de centinela, ni alertas al lacerante fuego del horizonte que se acerca sino son los miradores indolentes de la decadencia del fervor y la adoración.

El quiebre latente, donde todos los días se rompe algo y se exalta un extraño respeto meritorio al hacerlo, impide la construcción de la fe al estar sobre nubes durmientes, vaporosas sin pulsar la firme palestra sobre la que cada pueblo se sostiene cuando el cielo se cubre de gris combate. El eterno, terco yugo, que aprisione la conciencia hasta hervir bajo el Sol los ideales pensamientos de un venturoso ciudadano, nos ha abandonado.

Son extraños nuestros hermanos, pues disfrazados de colores, aceptan sus saltimbanquis con voraces ojos de odio hacia el gastado y cotidiano rostro por ser el reflejo de la repitiente angustia ajena. No existe respiro pero sí horror, asumiendo que la cruz de Cristo es un trémulo pensamiento olvidado con dosis de felicidad, inconciencia e insensatez.

Tanto desorden de sentimientos, confusos y lejanos al imperio, pues la muerte agorera nos declama que el desarrollo es destrucción y no construcción en la cual los hermanos se dicen extraños y rechazan los brazos del que clama ayuda, porque nuestra bandera tiene los colores de la compasión y no del valor, donde la identidad se asume como cuerpos caídos en una estéril tierra y se idolatra el derecho a degustar los frutos sin el esfuerzo de la cosecha.

¿Qué se puede representar de este pueblo? ¿Dónde está su alma?, ¿Hay algún mural donde esté impregnado la cultura embravecida de nuestro pueblo?, ¿Hay alguna señal de un destello original que haga enceguecer al rival? ¿Quién labra en estas tierras cubiertas de fango y humus? Somos la inconciencia, el aire silbante en el oído de un soldado con lo tímpanos inflamados. Tallos que apenas crecen y que tiempo después una brisa de occidente los arranca del efímero pedestal.

Nunca antes el exilio fue más claro, nunca antes lo desconocido ha sido más certero, nunca antes el abandono es señal de esperanza y buena ventura. El presente es nebuloso y al mirar hacia atrás, es negra la noche de tu cortejo. ¿Qué hicieron con la claridad del imperio? ¿Dónde están los dueños de las llanuras y las montañas? El significado artificial de los desvaríos del presente, arrojados al panteón del olvido.
.
Y será un día que con pechera de cobre y corona de ave, él, nosotros impondremos la indolente voluntad, iluminando la penumbra que reconstruye los cimientos de nuestro fervor perdido. El llanto etéreo se detendrá para ser relevado por el silencio reflexivo de quienes, entre el dolor y deseo, buscan la reconstrucción del imperio.

jueves, 27 de septiembre de 2007

El Mal Diagnóstico

Los puede ver a lo lejos, en el negro silencio, cuando la tarde se aclara en un amarillo naranja que el matorral luce al brillar sus hojas aún húmedas por el rocío. Ve a unos círculos negros revoloteantes en medio de pétalos y frutos, danzando desesperadamente sobre el tapiz plomizo del jardín… y él, sin pensamientos.

Apacible reposo que goza por la vista privilegiada lejos del martillero aterrador de la mocedad, y se pregunta si fue posible llevar tanto ruido acuestas dentro de uno mismo. Antes se era una bóveda vacía, en la que hacía eco cada latido del corazón, la retumbante voz del silencio, pero él percibía su vida en los silencios, en el intervalo de cada latido, mientras que el barullo de ese latir era la interferencia mundana y vulgar del ruido del gentío.

Todas las mañanas sus pasos se acercan, viviendo la satisfacción de estar alcanzando el secreto de la oscuridad del breñal y llegar a ser parte de los misterios de los círculos y tal vez también ser un círculo más. Una esperanza enriquecida por imágenes de colores o ámbar, ambivalentes y carentes de significado, sin formas o con ellas pues en todas puede descubrir algo más, un camino certero hacia lo vacío de sentido pero plagado de emoción… esa es su esperanza.

Hace mucho que dejó el habla y el deseo por las palabras, se resistió al entendimiento perdiendo las formas su solidez al tacto, alejado del orden que le enseñaron a creer y confiar. Su cerebro rebalsaba de lógica, el rededor tenía nombre, los objetos eran causa y su utilidad su efecto. La comprensión perfecta de lo etéreo fue su hastío.

Muchos años señalando, imaginando, descifrando y entendiendo, una lucha incansable contra la incomprensión y el desvarío, es que podía descifrar y asimilar lo visto. Cuánta angustia entretenida por esos instantes de sospecha, por lo que se oculta dentro del cajón o detrás de un portón.

Saber… sí, era saber, quiénes eran, qué les gustaba y si sentían la misma emoción, la candidez infantil llevada hacia el territorio de la razón y la observación.

Y… ¿cuando ya no se puede saber?, que más, qué hay después… si ya nadie puede responder, si se da vueltas y los demás esquivan la mirada negando su ignorancia, queda el silencio racional, el contaminado de ansiedad…

La vejez fue su salvación, la que motivó el inicio del viaje senil de retorno, en el que descompuso el objeto en sujeto y este en nada, despojándose de la razón para acercarse donde la nada no tiene significado, las formas son formas y los colores, colores, el viento despeina, el agua, humedece, un placentero retorno a la bella imbecilidad donde el silencio es la apasible ausencia del mundo. Ese es su deseo, llegar hasta allá, al negro del arbusto y simplemente estar ahí, con su mal diagnosticada demencia.


Viaje a la Locura*


Y aunque el rojo cielo
Se desvanezca en la oscuridad,
El temor deshabita la plácida estancia
De una solitaria y efímera fe.

El advenimiento de la soledad,
En la cordura y la locura
Hace tormentosa la culpabilidad
Que vuela en el reino de las alturas.

Al inmortal y joven corazón,
¿Quién puede envidiarlo?
Si está fundido entre la fantasía y la razón.

Más bella la insensatez
Que envuelve el viento,
En su insignificancia.

Más bella la ensoñación
Que atrapa la realidad
En el instante que da la imaginación.

La noche que fue tarde
Agrava la pena y hacen fluir lágrimas
Pues es digno de saber que este corazón
No merece algún amor

Me preguntan:
¿Alguna vez has visto llover?

No,
sólo fue un pueril engaño
De algún joven amor,
Mi necesario y obligado viaje (momentáneo)
Hacia la efímera demencia.



*Julián Farkas


Demolición
(Los Saicos)

lunes, 24 de septiembre de 2007

La Desaparición Involuntaria*

La despedida auténtica no es la anunciada - no es cruzar el umbral y decir adiós vociferando la partida- , es la consumación física de un escape avisado, continuo y lánguido. El anticipo del adiós es la esperanza de regreso voluntario.

Cuando desaparecemos del instante ajeno nos desvanecemos imperceptiblemente frente a los otros, matizando los colores hasta disiparnos en el recuerdo. Compañía pulverizada por el devenir del tiempo expulsando el alma que antecede al cuerpo. La despedida se inicia cuando sentimos la ausencia del espíritu, cuando nos incomodamos por estar cuadriculados o enmarcados en la imagen ajena que obliga a uno a ser pintura de un momento sin movimiento, porque aquél no es parte de la placidez y la tranquilidad de la idea concebida de lo que para los otros, uno es. En el inicio creemos en los impulsos del entusiasmo, en la inamovilidad de la vida y de los minutos, pretendiendo detener el Big Bang del Cosmos.

La imagen del Nosotros está impregnada en el instante ajeno, donde nos llaman y reclaman sonrientes, asumiendo la creencia que aún somos los mismos, compromiso exigente, porque de seguir aferrados a la figura ya abandonada, nos llevaría al lánguido desasosiego. Observar con centurias de lejanía a los que departen con pintura desgastada y descolorida de lo que hemos sido, enajena y agota. Luego lo percibimos, es el inicio imperceptible del adiós, donde se opta por abandonar enmudecidos lo que ya no se es y dejar en algún sótano mohoso el rostro por todos conocido, antes que la bipolaridad cínica nos sea fatal.

Trance de desaparición voluntaria e inevitable que no es un solo acto, sino la conciencia de aquella, porque aún antes de comprobar el desvanecimiento evidente, la tonalidad de nuestros colores se ha transformado en azul turquesa u ópalo cansino.

La idea de la huída física no es sólo estética, es la concreción del pensamiento y la liberación del cuerpo de la presión de sentirse otro pero siempre ser el mismo descolorido. Tal desvanecimiento es inminente, pues si no lo percibimos a voluntad, el curador de nuestra imagen advertirá el fraude y en el afán de reafirmar lo ya perdido, caeremos en la decepción y el desengaño mundano.

Es preferible renunciar antes de ser víctima de lo que pudimos ser o lo que quisieron que fuésemos, mejor ser las primeras páginas arrancadas del libro jamás entendido a ser la colección de volúmenes inacabados, del que se desconocen los tomos primeros y los que vendrán.

Yo apresuro la aceptación de esta partida involuntaria debido a que la esencia de nuestra forma ya abandonó el estático retrato hace mucho. Ahora, me encuentro creando imágenes en un mundo distinto, buscando formas y creándome una nueva.



Abandono sin pesadumbre a esta otrora pasible estancia que con incertidumbre me otorgó el escalofrío monótono de la confusión. Un espacio deshonesto, envuelto por vaporosa agua ras que hizo perder a todas las cosas su color primario y natural. Vida que deja de ser fotografía y se convierte en televisión.


Plasticities
(Andrew Bird )

this isn't your song
this isn't your music
how can they be wrong
when by committee they choose it all?
they choose it all

chin chin
chin chin

you're gonna grow old
you're gonna grow cold
bearing signs on the avenue
for your own personal Waterloo
you're bearing signs on the avenue
for your own personal Waterloo now

we'll fight we'll fight
we'll fight for your music halls
and dying cities

they'll fight they'll fight
they'll fight for your neural walls
and plasticities
and precious territory

this isn't our song
this isn't even a musical
I think life is too long
to be a whale in a cubicle
nails under your cuticle

chin chin

you're gonna grow old
you're gonna grow so cold
before this song can deliver you
you're bearing signs on the avenue
you're bearing signs
for your own personal Waterloo now

we'll fight we'll fight
we'll fight for your music halls
and dying cities

they'll fight they'll fight
they'll fight for your neural walls
and plasticities
and precious territory
.

Plasticities

domingo, 23 de septiembre de 2007

El Juego Sentimental*

Se cubre el ocaso del día con sofocante niebla, nos oculta el Sol sin propia voluntad opacando el sentimiento que arrebata el gris amor. Invisible nocturnidad impregnada de compasión y dolor emanante de profundidad que absorbe inclemente a aquellas miradas de frente. La eternidad celestial atractiva, la celeste oscuridad que nos llama para que entreguemos los brazos y salvemos a las informes sombras gimientes, es la brisa de tinieblas que desconocemos y a la que tememos porque nos sumerge en alucinados pavores e imaginados infiernos.

Pero en algún imberbe lugar e ingenuo sentimiento, deseamos conocer ese dolor, sufrir con los otros, percibir la amargura del deseo no cumplido. ¿Cuánta claridad ignorada?, insatisfechos y convencidos que el mundo estival y matinal no es suficiente, deseando la triste estación sin saber que cuando llega, deja de ser cíclica. Aún así, la prisa por socorrer la angustia nos llena de una valentía artificial, de los que aún no conocen el estremecimiento.

No sospechamos de que el Sol se pondrá y no aparecerá más, así uno desee fervientemente su destello para iluminar el desamparo. Triste conclusión emotiva, porque habiendo escuchado el llamado del sufrimiento ajeno, este no se puede ignorar. Y si uno se aleja lo suficiente de aquél barullo lastimero, este suplicio se impregnará en nuestros recuerdos y volverán cada vez que evoquemos la ocurrencia de la insana aventura.

Por eso seguimos erguidos en las puertas de oscuridad ajena, escuchando y tendiendo la mano hacia la profundidad, mientras que la otra se aferra al pórtico con devoción, creyendo con ingenuidad que nuestro deseo tendrá la fortaleza de sujetarnos a la superficie indulgente salvadora. Del otro lado, los desesperados mudos gimientes, luchan por tomar la palma destellante e incorruptible que las libere de latente desolación, extremidad que encierra el sentimiento de bienestar que ya se disipa en sus recuerdos.

Son tantos y tanto el sufrimiento que la plena voluntad no es suficiente, los mil pensamientos que surgieron en las mañanas de ignorancia, en la atmósfera del sosiego, hacen creer que el corazón resistirá al embate duro que hizo caer a los que miramos con ternura. El trance hacia la misericordia es una vorágine de sentimientos que nos atrapa y nos arrebata el encanto por la vida, vence al alma, arrojándola hacia siniestra estancia.

¡Y es nuestro!, de repente el dolor se hace nuestro, extendida la mano y luego de tanta lucha, los desvalidos la alcanzan… pero uno se pregunta ¿cómo lo lograron? si antes el ruin dolor les impedía descifrar el camino de salida. Luego, se nos aclara el enigma, el llanto de sus corazones no se escucha y sus rostros se definen diáfanos. ¡No estamos a puertas del escape sino dentro, con ellos!, acompañándolos en su implacable invierno de sentimientos, nos abrazan, se nos aferran a la idea de salvación que les proyectamos. Se dicen: “nos han salvado” y alegres dan sus primeras sonrisas, nos miran y se las devolvemos con tímido rictus, pero nosotros, misteriosos, sólo sabemos que no es la libertad, ya que aún permanecemos en sus eternas celdas de acero y hielo, pues hemos relevado su desesperación por la nuestra y el mundo interior de libertad ofrecido nos lo han arrebatado y su tenebrosa cavernosa oscuridad la intercambian con los que como jugando, quisimos ser parte del juego sentimental de la compasión.


Air Conditioned Nightmare
(Mr Bungle)

Inside of me today
There is no one
Only asteroids and empty space
A waste

...They're looking through the windows at me...

Get me out of this air-conditioned nightmare
Rots your brain just like a catchy tune, yeah
You will hate life more than life hates you

Happiness is your illness in an air-conditioned nightmare

...Burn all your mementos of me...

Walkin' on air
Up from the wheelchair
I'll find the suicide
That I deserve

Walkin' on sand
Forgotten where I am
But it's so comfortable
Here in the sun...

I only see rainbows
Now that the bandages are gone
Through my window, there

From the skyscrapers
Down to the submarines

Birds and fairies
Sanctuaries
Atop the rolling hills of hell

These words are sledgehammers
Of truth
That pound the iron heart
Of sin

Bloody smiling
Vandalizing
My wet dream is drying up...

Where's my rainbow?
Where's my halo?

There's my halo!


Air Conditioned Nightmare

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Los Imperdonables

A quién acusar cuando el culpable no es un alguien sino un todo, segmentado en pedazos invisibles, inoculados en cada acción o pensamiento cotidiano. ¿Cómo convencernos del bien cuando el mal habita en nosotros?, y supongo que no hay tal intención de convencimiento, aún cuando esta se necesitara para hallar algún sentido a la moral y a la virtud. Tal vez ahora seamos más sabios, pero es una sabiduría cínica, del que conoce el otro lado y que se deja vencer por él y no se resiste en quedarse en el otro, el más justo.

La cristiandad pierde su lucha ante la creencia en la descreencia, ya no convence su espíritu de redención y salvación, porque no ha previsto que con el tiempo los seres humanos han dejado de anhelar el perdón, no reclama la resignación, no la acepta. Los hombres preferimos vivir en la culpa tolerando el castigo divino por temperamento y convicción, ya que se ha llegado a la conclusión que la existencia es culpa, sin camino de regreso ante ello. La paz se ha quebrantado y cuando el horror inunda la inocencia, el puente por el que hemos cruzado se viene abajo, los escalones se desvanecen quedándonos en trayecto obtuso. El camino alterno de la religión es la muerte, pero nadie está dispuesto a usarla como un emblema de vida.

El pasado y el presente persiguen a los individuos en sus actos y pensamientos, el tiempo pasado es la prueba de una historia que se va a repetir, pues si fuimos capaces de destruirnos a nosotros mismos, nada nos asegura de que no vuelva a suceder. Aún cuando la sociedad haga todo lo posible por detenernos con leyes y castigos, en el ser humano, en sus entrañas, está latente su culpa y desea hacer uso de la plena libertad que le permita liberarla de su decepción e infortunio.

Vemos por lo medios que algo anda mal y por más que la sociedad se esfuerce por encontrar una solución al desenfreno, este se desliza por los cantos que no han sido cubiertos, haciendo que huaycos de frustración arrasen la poca dignidad de los que luchan por no sucumbir a lo que les designa su decepcionado interior.

Llegamos a la conclusión que no hay un error en todo esto, y que mas bien el error somos nosotros, el que nos hace llegar a la idea del infortunio y el dolor. La imagen deseada del orden del todo es equivocada, porque existe un orden paralelo y mejor decir, único, ajeno al deseo de solidaridad y esperanza que nos muestra la simplicidad de la naturaleza. Y siendo esta una fuerza descomunal de verdad, no queda más que la resignación y la aceptación de nuestra condición de vulnerabilidad a las debilidades más humanas que animales.

¿Cómo creer lo contrario?, si somos herederos de la culpa y la culpa requiere de perdón, pero quién será el indicado de darnos tan magnánimo acto, ¿Dios?, pero bueno, ahora, a quién le importa su perdón, si este no mitiga el dolor humano ni hace comprender lo que se observa diariamente en las calles, en nuestro hogar y en nosotros mismos.
No nos convence la redención por la muerte, ni la resignación ante su inevitable suceso, pero lo que nos atrae es la resignación a la culpa ya que la naturaleza de la realidad es indiferente a aquella, pues esta juega a la probabilidades, decide matar a un sacristán o curar de alguna maligna enfermedad a un asesino inclemente simplemente porque estuvieron en el lugar equivocado o correcto, respectivamente.

Con este gusto por la aceptación a lo instintivo, deseamos anticiparnos a este orden “único”, físico del universo, no reclamando el porqué de nuestra culpa, sino aceptándola como tal, pues así nos sentimos parte del orden amoral de la naturaleza, en armonía justa y precisa que nos manda el ser instintivo e interior. Nos hemos acostumbrado a esta idea y nos deleita, pues deseamos ser considerados imperdonables y culpables de todo mal.

viernes, 14 de septiembre de 2007

El Quiebre del Silencio

Vivir disfrutando los silencios que un tumultuoso mundo nos regala, debe ser gratificante, más aún cuando podemos contentarnos con observar los gestos ajenos y descifrar la intención ajena sin escuchar ni una sola palabra: declaro que esa es mi debilidad. Pessoa decía en boca de uno de sus personajes que él podía fijarse en los mínimos gestos faciales de la persona con la que hablaba, recoger las entonaciones milimétricas de cada palabra dicha, pero que al oírlo, no escuchaba nada porque estaba pensando en otra cosa y sólo recordaba de aquella conversación la noción de esa charla. En mi caso, puedo declarar que no poseo esa observación tan meticulosa de este personaje de Pessoa, pero sí la capacidad de observar y retener la vehemencia y la mirada de quién está a mi delante disertando sobre algún asunto, pues podría tener una conversación con alguna persona “bajándole el volumen” y deducir lo dicho de acuerdo a la forma en que gesticula y me inyecta su mirada.

La forma en que un interlocutor te observa tiene gran relevancia, ya que esta sintetiza la sinceridad, convencimiento y firmeza de lo que a uno desea transmitir, al deducir el desgano en sus gestos, me anticipa que lo que me va a anunciar, carece de relevancia alguna. Más aún, me quedaría con su discurso mudo y de aquél sacaría más provecho que un torrente de palabras bien dichas pero secas como arena caliente.

Este es un ejercicio imaginativo que va de acuerdo al estado emocional en el que uno se encuentre. Observar a la distancia a los comensales de los cafés, es alucinar una exaltada, reflexiva o tediosa conversación. Ese silencio lejano observado con curiosidad infantil, me evoca imágenes de bienestar y sosiego porque sea lo que estén diciendo, en esas ignotas conversaciones, la placidez de su mutismo me lleva a una tranquilidad imperecedera. Comunicarse con los gestos es una actividad que va más allá de lo comúnmente conocido, porque es el mundo de la imagen que se graba en la imaginación de quien la puede aprehender y lo mas significante es que las figuras y movimientos percibidos, se impregnan en silencio, sin la interferencia de algún sonido entorpecedor.

El mundo silencioso debe ser extraño, ya que a pesar de intentar idealizarlo y darle un significado de ensueños en una realidad sonora como la nuestra, es formado en base a la a la expectativa hacia algo, porque, a pesar que uno tenga una predilección por esa tranquilidad esporádica, nos encontramos ansiosos porque este se quiebre. Por ejemplo: al estar al lado de una persona que nos hace compañía, sin cruzarnos una sola palabra, la incomodidad nos cubre el ánimo y nos aprisiona el pecho, debido a que deseamos que sea liberada alguna expresión que nos permita saber, con seguridad, la intención de ese otro que nos es ajeno.

La pasividad del silencio es insuficiente, ya que a pesar que su significado evoque paz y tedio, necesitamos ruidos a intervalo que nos asegure la voluntad del otro porque no hemos aprendido a deducirla de los gestos. Inexplicablemente, deseamos quebrar nuestra tranquilidad para no acostumbrarnos a ella, la percepción del sonido nos permite imaginarnos y asegurarnos la compañía y la no indiferencia de quienes nos rodean.

Confieso que a pesar de no retener la mayoría del contenido de los discursos de algunos pasados interlocutores y sólo recordar sus gestos y sus miradas, aún hago el intento por recordarlos, para que la evocación de aquellos no los confunda, dentro de algunos años, con un ensueño o alguna fábula de mi imaginación y me extravié en la soledad y el olvido.


The boy with the arab strap
(Belle and Sebastian)

A mile and a half on a bus takes a long time
The odour of old prison food takes a long time to pass you by
When you've been inside
Day upon day of this wandering gets you down
Nobody gives you a chance or a dollar in this old town

Hovering silence from you is a giveaway
Squalor and smoke's not your style
"I don't like this place"
We better go
Then I compare notes with your older sister
I am a lazy gett, she is as pure as the cold driven snow
She accepts my confession

What did you learn from your time in the solitary
Cell of your mind?
There was noises, distractions from anything good
And the old prison food
Colour my life with the chaos of trouble
Cause anything's better than posh isolation
1 missed the bus
You were laid on your back
With the boy from the arab strap
With the boy from the arab strap

It's something to speak of the way you are feeling
To crowds there assembled
Do you ever feel you have gone too far?
Everyone suffers in silence a burden
The man who drives minicabs down in Old Compton
The Asian man
With his love hate affair
With his racist clientele

A central location for you is a must as you stagger about makingfree with your lewd and lascivious boasts
We know you are soft cause we've all seen you dancing
We know you are hard cause we all saw you drinking from noon
Until noon again
You're the boy with the filthy laugh
You're the boy with the arab strap

Strapped to the table with suits from the shelter shop
Comic celebrity takes a back seat as the cigarette catches
And sets off the smoke alarm
What do you make of the cool set in London?
You're constantly updating your hit parade of your ten biggestwanks
She's a waitress and she's got style
Sunday bathtime could take a while
.
.
Video Clip aficionado llamado "WAR"
Canción: "The boy with the arab strap"

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Los Otros

Imposible no pensar en ellos si todos los días paso por su delante y me ven con espeluznante indiferencia y siento enajenación, invisibilizado por su mudo mundo que no expresa sueño, emoción o tedio. Apuro el paso y siempre están ahí, en cada esquina o en el camino de alguna mañana de compras. Deseo huir de su infeliz mundo que agobia los días de descanso o alucinación, pero rodean mi imagen y se hacen más presentes aún cuando cierro los ojos y respiro hacia lo profundo. Sé que en ellos hay presencia de ahogo y estancamiento, miradas fuera de la luz o la lluvia, o un intermedio, tal vez niebla solamente, un visor gris que imprime en la imagen de uno el bicolor intenso de su observación.

Me pregunto si verán en uno la misma indiferencia, si son distintos en otros pero los mismos en mí, y es por esa razón que anticipo su expresión a tientas en noches de sueño. Son tal vez, seres móviles para todos, pero ante mi son estáticos y estancados en una tristeza perpetua, encantados e inmovilizados en la monotonía de una vida vulgar. Viejos espectros interiores que afloran cada vez que encuentran en mí la materia de su reflejo.

Termino siendo la complicidad de quién busca un refugio para lo que para mí es melancolía, y ven a uno como cuenca vacía donde pueden descansar, sin disfraz, unos segundos, en presencia ajena. El mínimo momento dado es eternidad infinita agradecida en la que nos envuelve indolentemente. Extraña manera de decir gracias sin liberar ni media alma con boca cerrada. Después, uno mantiene la sensación de olvido y confusión, que se lleva como pesado equipaje, ambulante entre extraños que no son testigos de tan tétrica experiencia.

Estos son los días de siempre, en ruinas, en rostros quejumbrosos, en felicidad, pues hallo en la pesadumbre de sus rostros, la ignorancia de la resignación y la angustia, cuya vida, yo la siento como una sobra, pero para ellos es el todo. Son felices al Sol de la mañana, pero esa realidad de fragmentos y a los ojos de un pasante -extraño a lo que nos divide- todo es su sufrimiento.

Son felices con rostros inanimados, imperceptibles para el que es ciego en esa paralela existencia, donde no escucha ni siente. Concluyo que su tranquilidad es mi sosiego, su sueño es mi resignación, su sufrimiento es mi muerte. Es por eso que creen que soy su cómplice, porque para ellos, en mi lenguaje, soy uno más y mi sonrisa compasiva, la confusión de la felicidad.

Esta es la extraña fuerza que dominan los sobrevivientes de lo que yo llamo desesperanza, el origen de ajena existencia de donde proviene mi poesía, sin saber que para ellos, toda ella, es sólo el desvarío de un intruso insano.



Renunciation
(Secret Chiefs 3)