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viernes, 29 de junio de 2007

La Retirada

Porqué fingir el amor, si las lágrimas brotan con dolor y tormento, quién nos puede decir que lo nuestro es falso cuando al sentir tu desgracia, me quiebro en culpa y desasosiego. Nadie podrá echarme en cara por no amar a la humanidad cuando he dado hasta lo último de mi juventud por hallar algún sentimiento cautivo en los corazones humanos más ásperos encontrados en mi camino. Sí, yo amo a la humanidad más no a los hombres. De lejos, en ideal, son hermosos y llenos de posibilidades, en movimiento son la esperanza de un destino mejor, el camino brillante deseado.

No me podrán juzgar por no sentir afecto por lo que no se puede alcanzar, mi decepción es real, sin embargo mi cariño es absoluto. Existe una lealtad que me persigue a todas partes, la lealtad a lo humano.

Hubo un tiempo en la cual la naturaleza del hombre me conmovía, alucinando un destino desastroso para los que escogían el sendero que irrita a los corazones bondadosos, porque creía que si ellos no imaginaban la visión espectral de un mundo de principios, caerían en la más inclemente brutalidad, andando por la vida, absortos en su necedad e imbecilidad. Me encontraba lo suficientemente listo como para hallar el vacio en sus almas carentes de calor e imaginaba cómo es que seres que se mueven e interactuaban con otros hombres podían sobrevivir teniendo barro en el pecho y arena en las venas. Y deducía que sus cabezas eran parásitos elefantiásicos que reaccionaban ante un sencillo estímulo del mundo exterior, que sus pulmones emanaban polvo en vez de aire, que sus ojos absorbían la luz del día en vez de iluminar su camino y que su tacto era tan torpe como la lija que roe la herrumbre del hierro.

En mi audacia, los amaba como se ama a una bestia: con ternura por su imbecilidad, por su tosca maldad y su esforzada bondad. Eran bellos y me deleitaba la vista, pues me llenaba de orgullo el hallarlos, tenerlos cerca y por ser parte de su estúpida pureza. Yo me encontraba con ellos, en el centro mismo de la decadencia humana, el núcleo del pecado original. Era el espectador privilegiado de un espectáculo que Dios se había negado a presenciar. Era el demonio deleitado por la autodestrucción desgarradora e inocente del hombre expulsado de un paraíso infiel.

No me podía quejar, yo pensaba en ellos, no los abandonaba y sin miedo, con el dedo acusador, enumeraba sus pesares y les daba un final acorde a su naturaleza barbárica y natural. Expiaba alguna culpa, observando lo que ellos no podían ver. Pero… ¡Cómo no lo iba hacer!, si en su imbecilidad no podían saber que tanto lo eran.

Eran para mí eso los hombres, seres taciturnos que colmaban mi imaginación como conejillos de indias de mis pesares y sentimientos, yo los tomé como pruebas vivientes de las adversidades y desventuras de espíritus inacabados, desertores de grandes ideales o ideologías. La humanidad, era el rebaño descarriado al que tenía que perseguir no para encaminarlos por el buen sendero, sino para seguirles el paso explorando hacia donde los llevaba su temor y ansias de libertinaje. Pero eso, ya terminó…

¿Cuándo acabó esa fraternal compasión por los imbéciles de corazón?, ¿En una noche? ¿En un desencuentro? ¿En soledad? Tal vez cuando los observé en el fondo de lo posible, entre las llamas de infierno viviente y terrenal. Sí, creo que en el instante que sentí sus llantos y desesperación, supe que ellos también podían observar, pero no lo que puede ser, sino lo que no fue. Sus lágrimas eran el comienzo de su nuevo amor y el inicio de su desventura.

Todos ellos, que lloraron delante de mí, me dieron la imagen de lo grotesco, de lo impostado, no eran ya auténticos, su mirada dejó la transparencia y se volvió negra y profunda. Su rostro de animalidad cobraba la humanidad temida. No eran seres triunfantes, sino hombres fantasmas, irritantes para mi observación. Es por eso que, tal vez, mi papel como espectador exigía el repliegue.

Pues, preferí subir al monte y perderme como ermitaño, antes que deduzcan mi dionisiaco plan: el estar entre ellos con la máscara de gran hombre y así evitar que descubran la pura imbecilidad con la que me deleité. Pues, el mal que han aprendido a idolatrar en sollozos, les da las armas para profanar lo puro y excelso construido con indiferencia y afecto.

La malicia surgida por lo perdido, ve al mundo negro y nebuloso. Los hombres son presas de caza y la humanidad una condición ha destruir. El aniquilamiento de ideales y principios será la más desnuda venganza por su llanto derramado. La mano descarnada que adrede, zambulle, en lava ardiente, para sentir el dolor que haga renacer sus deseos de vendeta.

Elijo la retirada, pues amo a la humanidad y desde el llano sólo veo a los hombres con sus ojos inyectados de furia y recelo, mientras que en las alturas, son un espectro multiforme de colores, donde a veces uno puede ver un campo de flores multicolores o murallas de piedra resultado del amor de civilizaciones.

La humanidad es pintura, los hombre nidos de ardiente furia.

miércoles, 20 de junio de 2007

El país de las sobras*

A la evocación de las cosas nos aferramos, como a las horas o minutos que se agotan, contando en retrospectiva su tiempo restante. Es una idea nacida al observar los objetos que se deterioran con el paso del tiempo, desde el primer biberón hasta el libro nuevo que descansa a mi lado. Su recibo de compra que me dice 19 de Junio de 2007, será dentro de algunas horas el símbolo del ayer y en unos años, la prueba histórica del recorrido por alguna librería tal vez extinta. Una fotografía de la multitud que peregrina al lado del Señor de los Milagros en los años 30, nos muestra la fugaz idea de que tal vez ninguna de las personas que acompañan el anda, esté con vida. Los testigos de una época desaparecidos como las casas de quincha que engalanan la añosa imagen. Las visiones del pasado nos dan el ejemplo de lo venidero y de lo que nos antecede.

Nuestras vidas están sujetas a lo que se va, a lo que ya no nos pertenece, lo nuevo deja de serlo al tenerlo en nuestras manos y generarles fricción, sus átomos se esparcen en el espacio perdiendo su forma original, su brillo primario. Una caricia, un acto de desgaste, un grito, la onda expandida hacia el infinito.

Somos las sobras de lo ido, la imagen es la idea pero en la realidad es destrucción, pues de súbito, lo aferrado se transforma en pasado, noción del ayer, un anhelo ya no codiciado, como cuando niño se sueña con el juguete predilecto y obtenido deja de serlo, que pierde presencia en devastadoras manos que le arrebatan su estructura original. Es la estrella que ya muerta irradia sus últimos resplandores a los ojos humanos, es luz ya no es de un astro hirviente sino el rezago de vivo fulgor. Aire puro devorado por pulmones que en el instante de su disfrute se vuelve dióxido de carbono.

Lo hermoso no es constante, solo el primer esplendor, el impacto de un abrazo o un beso, la aparición del amigo entre la multitud.

En las Artes, que auguran la salvación, habita la representación del segundo que da la alucinación, la supernova detenida en el mismo instante de la autodestrucción. No hallamos error en dicha impresión, ella acoge el deseo originario, ese primigenio resplandor reteniendo la decadencia de las cosas, mientras nosotros, al otro lado, perdemos la materia y somos consumidos por el calendario. Las cosas poseídas son las sobras de la idea de perdurarla, así las sujetemos frenéticamente…

Hoy, que en mi exhalación desprendo el polvillo de mis libreros, entiendo que en ellos se van no solo los átomos de una materia en degradación, sino también algo de mi presencia y existencia. Somos lo que queda de una idea mejor, la prueba de la posibilidad de la imposibilidad, la sobra del ideal de acoger un mejor amor, la sobra del ideal de nuestros padres de tener la familia deseada.

sábado, 16 de junio de 2007

Los Fabuladores

El Fabulador” es el título del libro de Stephen Glass, joven periodista del The New Republic, donde narra la trayectoria de un periodista que se ve obligado a inventar reportajes para obtener reconocimiento profesional. Esta novela, es la historia de su vida. En 1998, la noticia de que la prestigiosa revista The New Republic, había publicado reportajes basados en información falsa, hizo remecer al periodismo norteamericano. El periodista Stephen Glass, había inventado al menos 27 de los 41 textos publicados en la revista. Pero el caso de Glass no fue el único en la historia del periodismo norteamericano. También encontramos la del reportero del New York Times, Jayson Blair que adulteró su cobertura de la guerra del Golfo en el 2003 e inventó 70 notas enviadas como corresponsal de guerra sin moverse de su departamento y el caso de la periodista estrella del Washington Post, Janet Cook, que obtuvo el premio Pulitzer de Periodismo en 1981 por la historia “ficticia” de una familia adicta a la cocaína donde la madre le suministraba esta sustancia a su bebé en su biberón para que se calmará, creándole adicción.

Es así que se puso en cuestión la veracidad de los reportajes publicados por estos tres prestigiosos medios de comunicación. Y uno se pregunta ¿cómo es posible que medios de semejante envergadura hayan podido ser burlados por estos “periodistas” de una manera tan descarada? Sus equipos de edición y corroboración de fuentes eran profesionales y aún así no pudieron evitar el fraude. Ellos aducen que uno de los hechos que fue determinante para que esto se presentara fue la confianza en sus redactores.

Estos graves acontecimientos, ponen en tela de juicio la veracidad de los medios de comunicación en su labor de transmitir información e ideas. La dificultad de corroborar fuentes y la autenticidad de los textos hace casi imposible prevenir los casos de engaño.

Una razón que explica estos sucesos es la presión a la que están sometidos los personajes involucrados en el mundo editorial, la necesidad de reconocimiento es tan fuerte que les hace cometer excesos y olvidarse de la función de transmitir realidades o ideas. Podemos incluir entre estos casos, al plagio literario, donde narradores o poetas que toman textos ajenos y los hacen suyos con la intención de obtener una aprobación por parte de su entorno y así asegurarse su respeto. A la vez, recordamos los casos de las investigaciones médicas que mostraban conclusiones con muestras adulteradas que llegaron aparecer en revistas de prestigio norteamericanas y cuya justificación dada para este fraude, fue el evitar la pérdida de financiamiento de futuras investigaciones.

Pero algo de lo que estamos convencidos es que aquellas personas que perpetran estos engaños para obtener réditos profesionales, han olvidado la naturaleza de su oficio. El filósofo que se apropia de ideas ajenas o las recicla, el narrador que toma textos ajenos para tener una mejor historia, el reportero que inventa hechos o el médico que modifica sus resultados, no ejercen su profesión con interés en ella, simplemente las usan como medio para el reconocimiento. Así, burlan principios y reglas que en el trayecto de su aprendizaje de su profesión debieron haber adquirido.

No anhelan descubrir una verdad, extraer algo original del entorno o evocar imágenes nuevas y revolucionarias, simplemente toman las que existen e intentan hacerse un lugar en la profesión y crearse una imagen prestigiosa y respetable.

El trasfondo de sus personalidades es la del timador, el inmoral, un mentiroso compulsivo que intenta por todos los medios darle realidad a su “fábula”, mitómanos que no les interesa infringir o violar la confianza de los que lo rodean, porque para ellos lo más importante es asegurar ese resultado que les permite tener la imagen deseada. Con los años esto puede transformarse en una persona desequilibrada y patológicamente mentirosa, es decir, que ellos mismos no se dan cuenta de sus propias mentiras. Muchos de los casos mencionados como los expuestos líneas arriba, no desean aceptar el embuste, sino hasta que todas las pruebas están mostradas.

Los “fabuladores” se encuentran en todas las profesiones, pero la mitomanía llevada al mundo editorial tiene consecuencias muy graves para la confianza del lector en los medios que les transmite información. El lector desea saber si algo es verdad y de no ser así desean saber el autor de la ficción. Aunque en el Perú podemos ver publicaciones que maleducan al público, acostumbrado a leer la realidad “aderezadas” con un poco de ficción. Historias como las del New Republic no sorprendería a los peruanos cómo les sorprendió a ellos, ya que estamos acostumbrados a que en toda historia exista algo que no es verdad.

Los tipos de mentira en la literatura, el periodismo y la investigación son de distinto calibre. Por ejemplo: el que recicla argumentos ajenos y los hace suyos cambiando personajes o dándole la vuelta a las historias, los que toman fuentes que no son las suyas y las hacen pasar como si lo fueran, los que plagian textos enteros o pasajes, el que usa citas sin indicar las fuentes correctamente, los que se apropian de ideas que ya fueron explicadas y sin embargo les cambian las palabras para parecer argumentos distintos, los que narran en primera persona hechos que no presenciaron, los que inventan fuentes, los que se atribuyen ideas ajenas y no indican su origen, etc.

Todo aquél que viola los principios de creación e investigación no busca hallar verdad alguna, simplemente anhela satisfacer egos, burlándose del género o ciencia que practican, de la confianza otorgada por los que le permiten publicar y sobre todo de sus lectores.

La confianza de un medio de comunicación se basa en la honestidad de sus redactores, así como la confianza de una editorial esta basada en la veracidad de lo expuesto por los autores que publica. La necesidad de notoriedad y de reafirmación profesional de “los fabuladores” es muy fuerte, la búsqueda de respeto por los pares y la necesidad de destacar hace que se viole esa confianza y terminen creyendo en sus propios artificios y en ser algo que realmente no son.

La literatura, el periodismo y la investigación en general, deben estar muy alertas de estos embusteros y no fiarse de que todos aquellos que desean seguir estas profesiones, honran los principios que a todo escritor o investigador les han enseñado a valorar. Todo por el bien de los medios de comunicación escritos.


Starman
(David Bowie)
.
Goodbye love
Didnt know what time it was the lights were low oh how
I leaned back on my radio oh oh
Some cat was layin down some rock n roll lotta soul, he said
Then the loud sound did seem to fade a ade
Came back like a slow voice on a wave of phase ha hase
That werent no d.j. that was hazy cosmic jive
Theres a starman waiting in the sky
Hed like to come and meet us
But he thinks hed blow our minds
Theres a starman waiting in the sky
Hes told us not to blow it
Cause he knows its all worthwhile
He told me:
Let the children lose it
Let the children use it
Let all the children boogie
I had to phone someone so I picked on you ho ho
Hey, thats far out so you heard him too! o o
Switch on the tv we may pick him up on channel two
Look out your window I can see his light a ight
If we can sparkle he may land tonight a ight
Dont tell your poppa or hell get us locked up in fright
Theres a starman waiting in the skyHed like to come and meet us
But he thinks hed blow our minds
Theres a starman waiting in the sky
Hes told us not to blow it
Cause he knows its all worthwhile
He told me:
Let the children lose it
Let the children use it
Let all the children boogieStarman waiting in the sky
Hed like to come and meet us
But he thinks hed blow our minds
Theres a starman waiting in the sky
Hes told us not to blow it
Cause he knows its all worthwhile
He told me:Let the children lose it
Let the children use it
Let all the children boogie
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
La, la, la, la, la, la, la, la
.
.
Starman

jueves, 14 de junio de 2007

La Dominación Furtiva

La historia de Jim Jones tanto de David Koresh, lideres espirituales que llevaron a sus seguidores a suicidios colectivos, son testimonios que demuestran de manera evidente y precisa la influencia de la palabra sobre los seres humanos que pueden ser conducidos a destinos fatales como los sucedidos en Guyana y Waco, Texas. Pero tales hechos son pequeños ejemplos del poder de un argumento bien construido, unido a una personalidad carismática. Sobre el tema de las características de estos personajes encontramos distintos estudios sociológicos como psicológicos y que personalidades políticas tales como Stalin, Musolini o Hitler nos muestran los diferentes matices que estos personajes pueden llegar a tener. Pero lo importante a resaltar, es que varias veces relacionamos el tema de la seducción de la palabra así como la manipulación ideológica con lo malvado y demente. Es así que cuando discutimos sobre este asunto, inmediatamente vienen a nuestra cabeza los personajes “diabólicos” que desestabilizaron a un sistema ajeno a nefastas y antojadizas influencias.

Con el desarrollo de la tecnología, el alcance de la palabra es más certero. La imágenes ayudan a que el mensaje llegue con más claridad a su objetivo, dándole mayor seguridad sobre la veracidad del argumento recibido. La publicidad o el discurso político son algunos ejemplos: las tendencias de compra de un producto, la elección de un candidato o la aceptación de una propuesta política por parte de la sociedad son pruebas de que el mensaje llega con claridad. Las luchas por emitir los mejores y mayores argumentos para obtener lo deseado, se realizan todos los días de nuestra vida.

Es así que la manipulación ideológica por medio del discurso toma matices distintos. Y no sólo son muestras de esto los resultados catastróficos que hemos expuesto en los ejemplos dados al principio. El de Jim Jones ocasionó 300 muertos en 1978 y de los “Davidianos” unos 80 en 1993, con respecto a los líderes políticos es historia conocida sus genocidios. El uso de las voluntades ajenas para obtener resultados sectarios o personales no se les puede atribuir a personajes maléficos simplemente porque podemos ver las consecuencias de sus prédicas. El discurso manipulador al que estamos sometidos, es de todos los días y que no los podamos identificar en un personaje o una denominación no significa que no esté presente.

La idea del desarrollo tecnológico nos está llevando a la destrucción del planeta, la idea del capitalismo está incrementando la pobreza en muchos países, el desarrollo de la medicina aumenta la crueldad contra los seres humanos al ser usados los países tercermundistas como gigantescos laboratorios para asegurar la salud de los países desarrollados, el desencadenar guerras para aumentar el comercio de armas y podemos continuar. La influencia de los medios de comunicación provenientes de las superpotencias está delimitando lo nos queda de la libertad de opinión y acción al aceptar estos hechos como “naturales”.

Uno puede escribir cualquier cosa, hacer de mis días un acto de propia voluntad ya que no tengo a un Jim Jones o un David Koresh que me ordene qué hacer con mi vida, no escucho el Corán todas las tardes por el altoparlante de mi ciudad, no tengo que aprenderme el libro rojo de Mao para vivir de acuerdo a la ideología comunista. Pero estoy obligado a llevar una vida que me permita incorporarme a este sistema consumista y no ser una paria social.

Si algo nos sucede por seguir este sistema que nos venden: la obesidad, el cáncer, el VIH, el estrés, la depresión o el suicidio, nadie nos socorrerá. La manipulación a la que estamos sometidos es a largo plazo, no tiene un destino fatal colectivo inmediato o una consecuencia política aleccionadora para los libros de historia.

El engaño es cotidiano, nuestros valores como las concepciones mentales que formamos en función de este, están creadas para mantener al sistema. Los seguidores de Jim Jones y de David Koresh estuvieron satisfechos con su creencia por un tiempo, los italianos de Musolini, los alemanes de Hitler, los Chinos de Mao o los Rusos de Stalin también. Tuvieron que cometer errores producto de su insania para desmoronarse su ideología y prédica.

Ahora, los líderes a los que estamos sometidos carecen de esa demencia clínica, diagnosticable. Sus equivocaciones son sutiles, que la sociedad civil tiene que luchar astutamente para sacarlos a la luz, pues son más poderosos que los anteriores ya que son hijos de su propio sistema.

La manipulación mental y espiritual está tan vigente como en la época de Jesucristo. No son esporádicos estos sucesos demenciales del suicidio colectivo o de las guerras mundiales. Simplemente son el reflejo de la debilidad humana por la dominación y el sometimiento. El único error que cometieron estos sujetos calificados de “diabólicos” es haber cometido excesos. Por ahora, los líderes a los que estamos sometidos no cometen ningún grave error.

miércoles, 13 de junio de 2007

El arte de no insultar

El título es extraído paráfraseando un negado y renegado escrito de Arthur Schopenhauer, llamado por unos editores “El Arte de Insultar”, donde nos daba recomendaciones sobre cómo vencer al adversario en una discusión verbal, así nosotros no tengamos la razón. Nos recomendaba llevar al interlocutor por senderos confusos donde el oponente terminara siendo víctima de sus propios argumentos. Por supuesto, que el incisivo y extravagante Schopenhauer, después de algunos años, descartó todos estas estrategias de debate por considerarlas llenas de infamias que más nos alejaban del debate racional y serio de las ideas. El libro quedó y no deja de ser ilustrativo aún ahora en estos tiempos donde la irracionalidad impera y hasta tiene nombre propio: “La practicidad”.

Y uso en parte el nombre de este libro justamente porque en estos tiempos, el no insultar se tiene que convertir en un arte. Pues, ¿qué hacer cuando a pesar de tener toda la razón helénica de nuestra parte, no son escuchadas por una parte importante de la sociedad? ¿qué hacer cuando los que tienen que aceptar esa lógica de las lógicas son los que decidirán nuestro futuro en algún aspecto?

Durante algún tiempo, creí en la sinceridad y la autoridad de la razón como el arma eficaz contra la estupidez y la necedad humana. La posibilidad de remecer las testas de individuos opacados intelectualmente, con insultos me resultaba interesante y hasta elegante. Insultar al necio e imbécil, era un acto de elegancia que debería ser pulido y estilizado. Decir: IMBÉCIL no tenía demasiado “arte”, uno tenía que decir “JIJUNA” o “SOPENCO” para llegar a un escalafón más alto en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, y con el no entendimiento del insulto estaba ganada parte de la batalla. Decir: “tu actuar me produce arcadas” o “es nauseabundo”, en vez de decir un simple “inútil”, le daba un toque literario a la ira y la furia. Uno hasta sentía orgullo de insultar con clase.

Adjetivar los defectos del ser humano torpe y necio era una tarea ardua que tomaba tiempo y a la vez era un reto de agilidad mental. La mayor severidad dadas con palabras estilizadas le daban al insulto un nivel de poesía y libelo. Lo grotesco podía ser tildado de fino y literario.

Pero después de pasado el trance, uno se preguntaba si tenía sentido hacer esto, y la respuesta era un rotundo no. Sólo era un ejercicio egocéntrico, desfachatadamente soberbio y vanidoso porque no dejaba lección alguna a nadie, más bien en el contexto actual, optar por este tipo insulto es una forma delicada y esquiva de aceptar la insolencia ajena y resignarse a la indiferencia de quién nos provoca la indignación.

Más aún después del desconcertante insulto hacia los imbéciles de razón, el paso siguiente era el menosprecio e indiferencia de ellos. Sus miradas de asco y resentimiento era lo que conseguía con este ejercicio literario con el que creía que contribuía al enaltecimiento de la cólera a niveles dionisíacos. Y no conseguía nada a cambio, ni mayor celeridad ni eficacia.

La practicidad de la que me refería líneas arriba, hace que tomemos conciencia de que el insulto grotesco no lleva a ningún lado y menos aún el estilizado. La resignación y el silencio nos conducen más hacia el camino buscado, el buscar tener la razón ya no tiene ninguna lógica en este mundo que busca desesperadamente lo eficaz e inmediato. Ignorar y tolerar a un funcionario público de oídos y razón cerrados, es más efectivo que hacer alguna aguda observación sobre su comportamiento. Es preciso entrenar el arte del silencio enfurecido, decir mucho sin decir nada, hacer arte sin insultar.

La burla y el sarcasmo contra la imbecilidad humana ya no producen la deliciosa sensación de tentar palabras nuevas y endulzar nuestro lenguaje. Sino más bien, nos hace cómplices de que el sistema funcione lenta e ineficazmente. Porque mientras uno busca la palabra ingeniosa ante alguna afrenta a la razón por parte de estos enemigos de la lógica y el sentido común, detrás nuestro hay una cola que espera, enfurecidos, que uno se deje de majaderías y se vaya a refunfuñar a un costado de la línea de atención.

lunes, 11 de junio de 2007

Madame...

"Y cuando, tal una leyenda la belleza se borro de mi vida, y me halle indigente y ciego, excluido de tanto paraiso, cuando el peso del dia me aplastaba y mi vida fria y descolorida deseaba ya, declinante, el mudo reino de las sombras: Entonces, del Ideal volvieron, como desde el cielo, fuerza y animo, y apareciste radiante en mi noche, divina imagen! Dejando el puerto mudo para unirme a ti, Lance de nuevo mi nave adormecida Al azul del oceano."


Fragmento del poema Diotima de F. Holderlin.




Recuerdo varias ocasiones donde afirmaba y reafirmaba la intrascendencia del tema femenino en la vida diaria como en las historias que alguna vez me decidiera a crear. Recuerdo aún más la insistencia de algunos personajes que me rodeaban por involucrar dicho asunto en las conversaciones y más aún el monopolio de los debates semanarios en función a este. Toda esa época de juventud fue una etapa de tortura y tedio porque no comprendía la relevancia de lo femenino en la existencia de mis compañeros de generación.

Durante algunos años, en mi breve adolescencia, tomaba esta experiencia como un asunto que sólo era competencia de mi soledad y timidez. Existía lujuria y candidez en mis sentimientos y emociones pero jamás como para abdicar irreversiblemente en mi concepción de la existencia. El deseo del placer estaba vigente, pero no lo hallaba en el contorneo o la redondez de las formas femeninas, más bien lo encontraba en la meditación y en la abstracción de mis propios pensamientos o ajenos en los cuáles no estaban ausentes las mujeres.

Tal vez, mi primaria indiferencia, fue por no encontrar en la presencia de ese “otro” lo esencial de una vida razonable y poco emotiva. Pues percibía que en la compañía femenina no podía encontrar la excelsitud que la poesía o la filosofía me otorgaba.

Mi primera relación con ellas fue en la imaginación, encontraba en esta evocación la definición absoluta de su personalidad, el amor platónico y espiritual donde todo eso, en mi mente, se transformaba en corporal y real. Estaba alucinado con sus miradas lejanas, con sus cabellos o su andar. Los sentía míos en la furtividad de mi observación.

En las imágenes literarias de su presencia, ellas eran imaginativas, dulces, melancólicas, felices, febles, dubitativas, eran una existencia irreal pero que generaban una conformidad por saberlas como una posibilidad a cumplir. Sabía que, detrás de mi timidez y voz temblorosa cuando una de ellas se me acercaba, podría llegar a concretar algún encuentro que me dejara un grato recuerdo.

Pues sí, creo haberme enamorado de mi imaginación, de lo que yo creía que eran las mujeres. En la literatura las veía astutas, sentimentales y enigmáticas, conducentes, a los distraídos del corazón, a una posible locura.

Ellas llegaron como se fueron, sin asomarse a la imagen creada en la imaginación de juventud donde se encontraba la mujer anhelada, la que me esperara con su vestido celeste y sonrisa apacible. Si pues, ninguna fue la Beatriz o Circe de mi existencia, no me llevaron a un viaje inexplicable hacia lo eterno. La realidad pesó demasiado al buscar lo excelso y puro.

Sólo en dos ocasiones he estado cerca, una la podríamos llamar Madame K., con la que aprendí a saber, qué es ser una mujer imaginada convertida en realidad, al menos eso creía, antes jamás había estado tan cerca de la mujer de mis juveniles anhelos. Recuerdo que la observaba atento y con asombro mientras ella me miraba con desdén. Yo cedí irremediablemente a su belleza y me enfrascaba en una confusión mental cuando intentaba emparentarla con la imagen literaria forjada en mi mente. Aún recuerdo lo estático de mis movimientos al sentirme observado por ella, mi silencio me impedía decirle que sea quién tenía en mi imaginación, ese temor hizo que se me escapara de esa visión construida, sin resistencia.

Mis palpitaciones eran demasiado fuertes como para impedir que el aliento me faltara, los argumentos de los que siempre había estado seguro, se alejaban irremediablemente de mis labios cuando me miraba. No tuve el valor de reclamarle su incompatibilidad con mis deseos. No era esa Beatriz, pero se parecía tanto a ella.
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Se fue como las demás, un día deje de verla sin explicación y las interrogantes que me dejó se extendieron por años. A su recuerdo le atribuyo muchas preguntas, aún ella posee las respuestas que no he podido descifrar. Ella fue "mi primer encuentro con el alma femenina" como dijo alguna vez Giovanni Papini. Un alma concebida en uno mismo y en la fantasía, para que luego, hallada en mujer, se alejara irremediablemente de mis dominios.

Sé que ahora tengo otra oportunidad, una nueva madame, Madame W, que me ofrece sus amorosos recuerdos en donde nuestro silencio ya no es siniestro ni desolador. Su presencia y mirada me dan interrogantes que podrán tal vez, un día ser respondidas. Ella posee el tiempo para que yo pueda descifrar lo inexpugnable. Sé que me lo dará, y si no llegara a lograrlo a pesar de su paciencia, sé que en el lugar en el que me extravíe será más agradable que la estancia donde empecé esta imaginativa travesía.
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She is the One
(Ramones)
Yeah yeah she's the one
Yeah yeah she's the one
When I see her on the street
You know she makes my life complete
And you know I told you so
She's the one, she's the one
Yeah yeah she's my girl
Yeah yeah she's my girl
When I see her on the street
You know she makes my life complete
And you know I told you so
She's the one, she's the one
She's the one
Know I'll never find a girl like you
But in my heart I'll always love you
Yeah yeah she's the one...
When I see her on the street
You know she makes my life complete
And you know I told you so
She's the one, she's the one
She's the one
Know I'll never find a girl like you
But in my heart I'll always be true
Yeah yeah she's the girl
The best girl in the whole wide world
When I see her on...
She's the one
She's the one, she's the one, she's the one
She's the one, she's the one, she's the one
She's the one, she's the one, she's the one

She is the One

jueves, 7 de junio de 2007

La Máquina Suicida

A mediados de la década de los 90 escuché una noticia sorprendente: El doctor Jack Kervorkian era procesado por las autoridades estadounidenses por asistir el suicido de enfermos terminales, llegando a participar en más de 130 hasta 1998. El “Doctor Muerte”, como lo llamaban los medios de comunicación, asistía a los enfermos proporcionándole un aparato denominado “La máquina del suicidio” que permitía al paciente inyectarse por sí mismo una dosis letal de potasio y cloruro. Está fue una de las noticias más impactantes de las que he tenido conocimiento ya que dejó en mis pensamientos la posibilidad de la autoeliminación de una manera pacífica, nada violenta y asistida.

En ese entonces yo estaba de acuerdo con el Dr Kevorkian, pues decía: “el que desee morir que lo haga, no hay que estar loco para hacerlo y es por esa razón que nadie puede decidir por uno si es correcto o no realizar este temerario acto”. Luego de varios años de pasada esa efervescencia juvenil y desganarme por combatir al sistema, me he permitido pensar imaginativamente en esa posibilidad.

No discuto el tema si es correcto o no para el ser humano autoeliminarse ya que ese infructuoso debate nos impidiría desarrollar los múltiples matices que esa aceptación traería. Supongamos que pudiéramos autoeliminarnos, que sea una libre elección. ¿Cómo lo haríamos? ¿Nos daríamos un balazo?, ¿Ingeriríamos cantidades tóxicas de pastillas?, ¿Nos lanzaríamos por un acantilado, hacia las vías del tren?, ¿Nos ahorcaríamos?, etc., existen alternativas pero todas violentas. Es decir, emparentamos el suicidio con lo agresivo y lo brutal.

La individualidad nos está llevando por caminos cada vez más personales, el gusto por la muerte se hace más atractivo debido a que la realidad ha dejado de serla. Las personas que toman esa decisión alucinan en la muerte, un mundo donde pueden prescindir de la razón y los sentidos. Es así que dichos individuos salen de la desesperación y la angustia pero… porqué suicidarse con ese sentimiento de frustración ¿Acaso no podríamos suicidarnos simplemente por libre elección?, como realizar un viaje de placer sin retorno.

Debería existir una filosofía del suicidio, no de la muerte. Ella como voluntad, demostrar de esa forma que la existencia no tiene como fin sólo la realidad -el cristianismo estuvo cerca, pero gracias a la amenaza de excomulgar a los suicidas impidió un inevitable despoblamiento de Europa en la edad media- sino tambien una preparación para el suicidio.

Fundamentándonos en esa filosofía propondría al sucidio como una alternativa válida. Esta propuesta parte de la anhelada idea del hombre de hacer del momento placentero una eternidad, morir y luego mantenernos por siempre en una sensación de tranquilidad y placer. Las opciones de estas “sensaciones eternas” las podemos encontrar en la literatura, la música, la religión, la fantasía, los medios de comunicación, de tal forma que esa evocación mental hará del suicidio una experiencia atractiva y codiciable. Por eso debemos usar elementos científicos, religiosos, literarios, artísticos para crear la abstracción mental que nos reciba luego de la autoeliminación. Pero para lograr que las personas obtengan dicha abstracción, debemos de educarlas en la percepción de sensaciones placenteras, por ejemplo, de una obra artística, de un poema, de una canción, de un recuerdo etc.

Nuestra evocación mental la tomaríamos de la sensación preferida y así morir en ella; como en el párrafo de un poema de Vallejo, Adán o Neruda, una sonata de Beethoven o un nocturno de Chopin, un cuadro de Marc Chagall, en la mirada del ser amado, en el abrazo acogedor de la madre, etc, las opciones son infinitas.

Pero para conseguirlo necesitamos la asistencia de científicos que permitan terminar nuestra existencia en el instante preciso; ellos pueden usar alucinógenos, medicinas, técnicas de hipnosis y una máquina que permita hacer todo eso en un instante inmediato y a propia voluntad, una “máquina suicida”.

Ya pensaré en cómo operaría dicha máquina, por ahora les diré que crearla sería lo más legítimo que el hombre pueda hacer por su existencia: arrebatarse el temor a la muerte y verla como una posibilidad real y necesaria. Sé que la idea expuesta, hecha realidad, ayudaría a liberarnos de la desesperación que algunas veces nos trae la vida.
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OPUS 40
(Mercury Rev)
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Well she tossed all night like a raging sea
woke up and climbed from the suicide machine
with her Spanish candles and her Persian poems
struck on the rocks and sighed Opus 40 stoned
And scratching her wrists in the pouring rain
She collapses down upon the ocean floor
Again
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Tears in waves, minds on fire
Nights alone by your side
Tears in waves, minds on fire
Nights alone by your side
.
Catskilled mansions, buried dreams
"I'm alive" she cried
"but I don't know what it means"
But somewhere out there across the moonlit sands
There's a line drawn, like the lines on her own hand
And slamming her eyes, locking the door
She collapses down upon the ocean floor
Again
.
Tears in waves, minds on fire
Nights alone by your side
Tears in waves, minds on fire
Nights alone by your side



Opus 40


martes, 5 de junio de 2007

El Círculo de Tiza o el último punk (1era Parte)

“Éramos reales, éramos únicos.
Somos cuatro individuos únicos.
Es una cuestión de química.
Es un fuerte desequilibrio químico.
Los opuestos se atraen y esa mierda.”
Joey Ramone


“Para el hombre de veinte años, todo anciano es el enemigo; toda idea es sospechosa; todo grande hombre ha de ser sometido de nuevo a proceso; la historia del pasado parece una larga noche rota por los relámpagos, una espera gris, que por fin ahora surge con nosotros. Para el hombre de veinte años, los mismos ocasos parecen tener los reflejos blancos y delicados de la aurora, que tarda en venir; las antorchas que acompañan a los muertos son fuegos de alegría por las nuevas fiestas, y los lamentos de las campanas devotas son esquilas que anuncian el nacimiento y bautismo de las almas. Es la única edad romántica de la vida en que se tiene el vicio viril de tomar los toros por los cuernos; es la edad en que se camina con paso ágil y bien firme de los poliorcetes, con el sombrero ladeado y un bastoncito de cerezo en la mano nerviosa.

Cada cinta nos parece una enseña; cada murmullo lejano, el temblor gigantesco de una revuelta; cada estallido de petardo, el anuncio de una batalla; y cada aguacero, el principio del segundo diluvio universal. Escuchamos con las orejas tiesas el murmurio del viento y creemos que se deshace el mundo; el trote de un caballo de alquiler nos hace correr a la ventana como si fuese el bucéfalo negro del Anticristo…”

XIV Ebullición, Hombre Acabado, Giovanni Papini



Es muy pronto para referirme a este tema pero si lo dejo en espera por unos años más, tal vez ya no importe o simplemente tome la experiencia como un hecho intrascendente cuando realmente no lo fue. “El Círculo de Tiza” fue el nombre de una revista que unos compañeros decidimos publicar y cuya denominación la birlamos de un texto chino de Li hsing-Tao, reinterpretada por el dramaturgo Bertolt Brecht. Esta revista fue propia de una curiosidad intelectual de unos compañeros universitarios y yo. Sobre el porqué y dónde nació tal motivación para iniciar esta publicación ya se ha quedado en el olvido. Sólo puedo recuperar su trasfondo ideológico -si lo tuvo- en mi interpretación, pues esta fue una publicación concebida en conjunto pero del que me atribuyo como único y afortunado testigo.

Fue una intromisión cultural creativa en la que pude construir por vez primera una concepción de conjunto, porque comprendía que cualquiera que sean las ideas que se deseaban transmitir, necesitábamos una bandera y una armadura como protección. Estaba convencido que si optábamos por la individualidad estaríamos destinados al fracaso o peor aún a un síndrome ególatra del que no hay cura. Era exponer las propias ideas y amoldarlas a un todo más importante y trascendente del que puede ser una simple expresión individual. Es así que el proyecto debía tener una simbología, una hermandad entre sus miembros que reflejara la unidad que se deseaba proyectar. Puedo decir que eso intenté crear desde el principio, citando a Mishima y hablar del grupo rebelde de Isao en su libro “Caballos desbocados”, evocando las ideas de heroísmo de Holderlin o algún otro gran hombre. Ese heroísmo inmaculado era la bandera a seguir, pues estaba convencido que esta revista era mi causa y me sentía dispuesto a ir hasta el final por ella.

Para mi, lo que se tenía que expresar era la libertad, y poseía una gran confianza en que cada uno de sus integrantes motivaría sus discursos en el sentimiento primordial de unidad, de autenticidad y de honestidad brutal. El cumplimiento del objetivo era lo más importante y teníamos que involucrarnos en el proyecto con seriedad para fundar una revista total y enérgica. Así, realizamos un dibujo de un círculo de tiza en una playa limeña –aparecido en la portada del primer número- que simbolizaba un rito de hermandad, la confirmación de un deseo en conjunto y la necesidad de un sentimiento grupal para realizar cada uno sus propias metas.

Para ese entonces entendía el acartonamiento intelectual, la rigidez filosófica, la solemnidad académica, la camaradería literaria como los vicios a vencer pues estaba convencido de la indiferencia de la época por la crítica, el análisis y la falta de compromiso por las ideas. Un desapego insultante por lo considerado realmente valioso: el ser humano considerado como individuo idealista y espiritual. Es así que nos autodenominábamos sacerdotes , jueces y profetas de nuestra época, nos sentíamos forjadores de la “pre-historia” de un nuevo Renacimiento.

Un hecho importante que me dio valor para enfrentar estos temores rígidos de la intelectualidad fue la “filosofía punk”. El enterarme de ese principio de impulso y tenacidad referido al “házlo tu mismo” me permitió convencerme de que el momento de exponer mis ideas tal cual venían a mi cabeza, había llegado. Demostrar que éramos un conjunto de jóvenes que no teníamos temor a decir lo que pensábamos, sin pusilanimidad ni miedo a la crítica. Me sentía preparado para enfrentar los comentarios adversos, porque después de muchos años en silencio por primera vez podría ser escuchado y no me importaba cómo sonaran nuestras voces o que tanta verdad los demás creían que decíamos, quería que el mundo supiera de nuestra existencia, que sea la gloria o el más brutal apaleamiento...

El Círculo de Tiza o el último punk (2da Parte)

La empresa fue buena, me permitió escribir sin vergüenza y exponer mi verdad, mi indignación y mi angustia contenida por años. Me interesé por hacer de esa revista un espectro sólido y sectario. Ella debía ser nuestro coloso, donde colgados de sus gigantescos brazos, viéramos como abatía lo falso y perverso. Escribimos sobre filosofía, literatura, poesía, de la humanidad, etc. cada texto era un manifiesto contra la inmundicia intelectual y nos arrogamos el deber de arrasar con el letargo y suciedad de la intelectualidad limeña.

Éramos corceles desbocados, potentes y ariscos. El resultado: un primer número cargado de sustancia y revelación. Era así que me sentía un prisionero liberado por grandes espíritus en los que me apoyaba y me permitía declararles la guerra a la imbecilidad humana con mi bandera empuñada hacia lo alto.

Esa filosofía punk me acompañó desde siempre, escuchar grupos musicales emblemáticos como The Clash, Sex Pistols, The Ramones, hacían que mi sangre hirviera, que no me detuviera y siguiera mi camino en la manera que lo había concebido en mi idea. Todo aquél cuestionador de la idea de “El Círculo de Tiza”, era un cobarde, endeble y traidor.

Lo punk era para mí una guía que me permitía tomar sin miedo el nombre e influencia de Holderlin, Rusell, Baudelaire, Lucrecio, Shopenhauer, Mishima etc, a mi antojo. Si ellos serían mis héroes, yo tenía el deber de seguirlos incondicionalmente.

De los grupos punk, el que me cautivo por su sentimiento de unidad fue los Ramones, un grupo musical abstraído en su resultado, en sus canciones, en el nombre que proyectaban, encuerados disciplinadamente así sudarán hasta la deshidratación. Grupo que dejó de lado los asuntos personales simplemente para seguir siendo los Ramones. Eran uno solo, enérgicos, potentes, ingenuos, revolucionarios y espectaculares. Yo quería eso de “El Círculo de Tiza”, el desparpajo musical hecho filosofía y literatura, un sólido todo a pesar de las contradicciones, ser como ellos, ser ellos.

En mi visión éramos un grupo musical que debía destilar autenticidad y potencia en cada acto y presentación. Sería el guitarrista principal, los otros el vocalista y el bajista, el corazón lo representábamos nosotros tres. La revista la entendía así, yo que daba la disciplina, la idea y sentido de unidad, el bajista la creatividad y el vocalista la individualidad que destacaba.

Así llegaron la revistas, con altibajos y encontrones, con abandonos y miedos por momentos pero manteniendo en mi perspectiva “El Circulo de Tiza”, la revista que cambiaría la manera de enfocar las letras.

Pero emitir toda esa energía trajo nefastas consecuencias, el desgaste desvió el objetivo perseguido. Los integrantes observaron una oportunidad para expresarse de manera individual, y se olvidaron del “El Círculo…” . Fueron como un vocalista que deseaba ser solista y un bajista enfocado en sus propias posibilidades creativas, todo eso llevó la idea de unidad grupal a uno solo, que era yo. Es así que el último número nacido de un anhelo de mantener lo que quedaba de la idea primaria, terminó en fugaces deseos personales, desenfocado y persiguiendo lo que cada uno deseaba para si mismo. No fui parte de semejante traición, pues fui expectorado tanto como las ideas que dieron nacimiento a tan noble revista.

Esa experiencia que duró dos años, me hizo recordar en cierta forma a los influyentes Ramones, ya que su convivencia tan difícil como grupo no les hizo perder el rumbo de lo que deseaban. Ojala hubiéramos entendido como ellos que para hacer cosas grandes se necesitaba de un todo para cuajar lo individual. El vocalista de los Ramones a pesar de sus dotes y manteniendo una riña personal con uno de ellos, jamás pensó abandonar el grupo humano que le dio la personalidad y la valentía de ser lo que fue. Esa misma historia fue la de los otros integrantes, el primer bajista se apartó después de compartir su creatividad con el grupo, pero matuvo su colaboración hasta la disolución de aquél, el guitarrista, vendió todas sus guitarras luego de la separación de los Ramones pues no volvió a tocar más. Lástima que esa actitud ejemplar no fue entendida, mis compañeros fueron demasiado “progres” para mantener el espíritu punk, apenas aprendieron a “tocar” más de tres acordes, se aventuraron a realizar su propia sinfonía.

“El Círculo de Tiza” no aguantó tamaña indiferencia de sus últimos miembros, fue un golpe brutal, letal y contundente del que no pudo recuperarse.

Como un disco desorejado y falto de sustancia, así fue el último número, con abundantes notas que suenan bien pero que no estremecían ningún corazón. La última revista apagó con un baldazo de agua, la chispa que apenas se asomaba. No salió más "El Círculo..." después de este cisma, apenas se asomó y no resistió.

Se fue la idea como vino, como una revelación y también se fue la juventud. Supongo que ya éramos muy viejos para ser punks por más tiempo, la desesperación llegó con los años y al no ver ningún templo destruido, se abandonó la autenticidad para buscar acomodarse en lo ya edificado. La edad nos arrebataba el valor para destruir y luego reconstruir.

El Perú es un país en donde no se puede ser punk por mucho tiempo, porque se cae en la neurosis, la locura y la exclusión. Hay que estar alunado, extasiado, para mantener un espíritu fuerte y seguir haciendo ruido a los cuarenta como lo hicieron los Ramones. Yo ahora sigo pensando como el primer día que se habló de “El Círculo…”, mantengo ese sentimiento de unidad, de ser ideología y de tener la bandera en lo más alto, pero ahora ya no hay punks que me acompañen, todos son “progresivos” que piden cautela y yo estoy de acuerdo con ellos, porque sé que lo punk es ahora un estandarte que debo levantar a solas y en mi imaginación.

Esta tempranera y superficial memoria es una debilidad que me arrogo, pues no es la historia de una revista, es el comienzo de la historia de mi espíritu en su combate ingenuo, pasional, sensible de su idealismo contra la realidad.




Ramones








S.L.U.G (Ramones)

lunes, 4 de junio de 2007

El mundo soy yo: el mundo como literatura y representación (1era Parte)

Del título podemos deducir que el presente texto irá por el camino del Positivismo tomando al literato para examinar en cómo él se apropia de esta filosofía y estructura un mundo real y personal que lo disfraza de literatura.

Comencemos con el entorno. El escritor crea un espacio ideal plagado de contradicciones, vicios, alegrías, especulaciones, orden y desorden a su antojo. Inventa un mundo que se cruza en su mente y no solamente en el momento de plasmarlo en el papel, sino que ha sido construido previamente en su personalidad, a voluntad o no, pues lo escrito será siempre la historia de su vida.

El literato posee un pequeño visor limitado a la gran perspectiva, es un husmeador de los sentimientos humanos, un intruso que vive de lo que puede captar a hurtadillas. El sabe que no puede gritar a los cuatro vientos su presencia en ese mundo que observa, porque correría el riesgo de ser tildado de orate o de inmoral infidente que no tardaría en ser apaleado. Él conoce la verdad, pero para ser aceptado la disfraza de literatura y se ríe de ella ante los demás. Se sabe una clase de dios y tiene que ser cauteloso para no ser crucificado.

Si uno observa un escrito literario podemos encontrar historias de seres humanos que viven experiencias, en varios casos, similares a la que los individuos “mundanos” viven. Es así que se comprueba que nuestra existencia posee una sola dimensión, lineal, como la historia literaria. Nosotros poseemos la capacidad de contar la realidad desde una sola perspectiva ya que lo que no está en el entorno es pura deducción. Si una persona, animal, objeto se libera de la intromisión de nuestra vista, estos desaparecen y se transforman en imaginación o suposición.

El individuo, en el mundo real, ve las cosas de manera intermitente, sin continuidad. La única unidad de hechos es la vida propia, ya que en esta podemos encajar todos lo hechos observados. El ejercicio mental de deducir cosas es porque no tenemos la visión de un mundo total. Vemos lo que nos permite observar esa mirilla que son nuestros ojos, el tacto, el oído, el gusto y el olfato.

El literato ante esa imposibilidad de aprehenderlo todo o comprender la vida que intenta interpretar, imagina mundos “totales” de una, dos, o tres personas o más en diferentes circunstancias. Se sitúa en un tiempo y desarrolla un argumento destinado a mostrar los deseos e ideales de una realidad que desearía que exista. Sus escritos grafican la visión limitada de un mundo interpretado a su manera, sin ningún atisbo de realidad o verdad. Son seres humanos tan limitados en perspectiva como lo puede ser un iletrado. Las historias que nos escriban siempre tendrán un matiz tendencioso que buscará encajar su mundo mental con el real y con el que ven los demás.

La literatura es imaginación, pero también lo es el hombre, es la postura de sus deseos en papel, la representación de lo que no es o no puede ver. Entender el mundo desde la perspectiva de unos cuantos individuos es también literatura. Es ahí donde nos percatamos que todo el mundo es una representación constante y la diferencia de la representación literaria es que esta es más convincente, constante e inolvidable. La representación que no convence, no es literatura.

Es por eso que el literato es un mundo pequeño donde convergen sentimientos humanos y sobre todo los sentimientos del escritor. En cada narrador, cuentista o poeta están compendiados mundos en los que cada uno de nosotros, sus lectores, nos adherimos o no. No todos podemos ser el mundo, ya que este tiene que ser parte de un entorno alucinado y seguro; la novela, el cuento o la poesía nos lo otorgan, los mundos de los lectores son los de ellos. El mundo son ellos … (continuará)

domingo, 3 de junio de 2007

Lo banal o la autodestrucción

La preferencia por lo banal y lo superfluo es una constante, una elección legítima aunque poco fundamentada ya que esta no se le entiende como una elección sino como una sustancia primordial, la que limita principios y valores.

Algo contradictorio que nos lleva a revisar las definiciones de lo vano y superfluo. El primero significa “falto de sustancia o realidad, vacío hueco y sin solidez”, el segundo se define como lo “innecesario, que está de más”. Lo extraño de estas palabras es su uso para calificar alguna cosa o acción según un juicio de valor ajeno y aceptado por muchos. Es decir -empleando criterios antropológicos-, que cada cultura y sociedad define lo que es vano y superfluo y lo que no lo es, según su visión de la realidad.

No se intenta exponer estas ideas para delimitar sobre lo que tiene o no importancia porque caeríamos infructuosamente en la siguiente pregunta: ¿Según quién? ya que tradiciones, costumbres, religiones, sistemas, etc. pueden ser vanos y superfluos para los ojos de unos y esenciales para los de otros.

Casi todas las actividades que son realizadas por el hombre se iniciaron por instinto y necesidad. Pues es improbable que algún ser humano realice algo que sea innecesario o “falto de sustancia”. Si observamos nuestras conductas cotidianas encontraremos que todas nuestras acciones tienen un porqué o una explicación que tal vez a los ojos de los demás sean innecesarias, sin solidez. Y eso porque los observadores pueden poseer o carecer de experiencia, miedo, complejo, necedad, etc.

Algo característico del uso de estas palabras es que encuentran su significado en quién las dice. El orden mental del ser humano genera acciones que tienen una intención clara y con un objetivo definido: “nunca daré un paso de más si no me caeré, no me esforzaré más allá de mi capacidad sino me desmayaré”, etc. El hombre busca en sus actos la supervivencia, y el fijarse en lo que no tiene sustancia y en lo vacío lo puede condenar a la autodestrucción. Por lo tanto, si nos adherimos a una actividad autodestructiva es obvio que tiene un matiz superfluo, vano y no intencional.

Es así que quienes usan esas palabras creen tener un orden mental “normal”, el que les dice qué es lo correcto y qué no lo es. Y siente la obligación de “encaminar” a todos por el camino del “orden” y la “cordura” para evitar esa autodestrucción. La aceptación por parte de los “descaminados” de la calificación que se les da de superfluos y vanos es abdicar a un modo de vida que tiene un fundamento sólido pero que, a la vez, es “falto de sustancia y sin solidez” para los otros. Esto nos muestra una situación absurda de entendimiento. Nadie aceptará un precepto en el que sientan que lo escogido como modo de vida es innecesario.

Lo que sucede es que por alguna razón nos hemos rodeado de actividades entendidas como superfluas y al aceptarlas, nuestro mundo se ha organizado en función a ellas. Es así que los cuerdos entienden que esta fijación por los actos triviales lleva al hombre a dar un paso de más, que camina en el vacío y sus vidas no tienen esa sustancia reclamada. Lo innecesario se ha vuelto necesario, la tecnología -caballo de batalla de estos “sensatos”- da fe de ello. La predilección por lo innecesario, otorga para estos cuerdos, una interpretación irreal, absurda de la realidad. Se desesperan por entender el mundo de lo "ilógico", por saber que lleva al hombre naturalmente a la autodestrucción, de que sus referentes intelectuales y culturales sean la televisión, la publicidad, la moda, la propaganda y el placer.

Lo inevitable es que al final el mundo “banal y superfluo” será lo que los expulsará, porque preocuparse por que los otros lo sean o no ya será también algo “banal y superfluo”.

Estas son palabras peligrosas que no tardarán en cometer la peor venganza: ajusticiar al justiciero que las puso en el vocabulario.

Tu Sangre
(Lucybell - Sesion Futura)

Correré el peligro de buscar a ciegas entre tanta luz
es tu sangre, tu sangre
y evitar el daño, años, desengaños, todo es tabúes tu sangre, tu sangre
tu olvidas todo
correré el peligro de mirar sincero el espejo es...
es tu sangre, tu sangre
mariposas en los ojos, nada escoges, no ilumina tu luz
es tu sangre, tu sangre
tu olvidas todo
puedes gritar, gritar y no oir tu voz, sin voz, tu voz y la misma fe (2)
correré el peligro de buscar a ciegas entre tanta luz
esta en tu sangre, tu sangre
y evitar el daño, años, desengaños, todo es tabú
esta en tu sangre, tu sangre



Tu Sangre

sábado, 2 de junio de 2007

El recuerdo de mi existencia

Los días que pasan son los mismos, no hay sorpresas, un sábado de Junio es el mismo de hace un año, no hay diferencia”, y sin embargo ¿Adónde se fue el tiempo? Uno es el mismo o la misma pero algo te dice que no es cierto. Eso me sucede, como cortarte el cabello y luego lo tienes largo, no sabes como sucedió y sin embargo tienes otro aspecto. ¿Pasará eso mismo con la vejez?, no lo sé, lo que si es seguro es que llegaré a saberlo y mientras tanto, las siguientes líneas:

Mi experiencia me dice que haga lo que haga, siempre hay un deterioro en todo, las cosas en movimiento suponen una fricción y esa ocasiona un desgaste, desde las suelas del zapato hasta las articulaciones de cuerpo y los seres humanos no podemos estar exentos de esa ley de la física. Uno no puede andar por la vida esperando que las cosas se mantengan igual por el hecho de sentir que no cambiamos. Considerando que esa pueda ser una percepción equivocada y uno vaya a saber en dónde se encuentra el error.

Lo que menciono no es un consejo o recomendación, es mi resignación a lo absurdo. Siempre añoré lo que el tiempo sobrepasó aunque eso no merezca más que el olvido. Tal vez sea una confusión, el añorar en la imaginación lo que debió ser mi pasado o el recuerdo de una perspectiva ingenua e infantil. Pues reconozco que carecí de malicia en mi infancia y adolescencia y es así que tengo una visión candorosa de los hechos pasados.

Ese es el origen de mi deseo por detener el tiempo, no querer alejarme del “tiempo mejor”, vivir en momentos imaginados y crear instantes inmóviles para vivir en ellos. Es el recuerdo, mi recuerdo.

Y qué hacer cuando lo que tienes en la memoria es una distorsión de lo real. Verlo como la prueba del orden de un entorno anhelado, la prueba de valores y principios reflejados en memoriosas invocaciones de un pasado cercano y deseado.

Conformarse con ser la constatación del deseo de la vida presente y futura. Lo que estoy viviendo y escribiendo tendrá ese matiz “irreal” en el futuro. Los que me rodean y yo seremos víctimas de esta antojadiza interpretación de nuestras vidas. Cinismo e hipocresía serán amabilidad y compromiso, honestidad y exigencia serán rudeza y hostilidad, etc.

Considero que la vida cambia y nosotros también. Lo que no se modifica son nuestros recuerdos, porque es el reflejo de quienes queremos ser. Seguimos siendo buenos si deseamos recordarlo así, pero la verdad es el advenimiento de la vejez, del egoísmo, del deseo de supervivencia que modifica el carácter, los principios y el alma. Nadie evoca malos recuerdos porque nos aparta del entorno perfecto deseado. Pues siempre mereceremos lo mejor porque hemos trabajado toda una vida para ello. Es ver el recuento de tu existencia y dar balance positivo.

Lo que no cambia es el valor dado a los recuerdos. El sentirse el mismo individuo que perdura en la memoria es tan iluso como el deseo de la inmovilidad del tiempo.

Los recuerdos están para darnos consuelo de lo perdido o de lo que no fue, no para definir la existencia del hombre.